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Muere el tiempo, se desvanece. Transcurre y cae como las hojas de los árboles, como los soplos del viento que acarician mi ser.
Hubo un tiempo en que el tiempo no existía, en que las hojas de los árboles no se desvanecían y el viento no mecía el mar ni los copos de los árboles.
También habrá un tiempo en que el tiempo dejará de serlo y se convertirá en cenizas y la vida en un suspenso que transcurrirá en el entorno de Dios.
Y habrá quizá un Dios, que nos permita entender por qué carajo si hubo tanto tiempo, nunca tuvimos tiempo para sonreír.
¿Cuánto tiempo dura una mentira? ¿Hasta dónde el amor es capaz de soportar el dolor que le provocan las voces que callan? ¿Hasta dónde soporta el corazón por la persona que ama?
Juré que nada podía separarme de ti, pero cuando se entrega todo y el otro no da nada, hay desconsuelo y un poco de sangre que derrama el alma.

Pero sé que no soy así y por lo menos, debo escuchar las palabras de defensa del otro cuando no calla. Escucharé yo, pero deberás convencer a mi alma.
Porque cuando un alma sangra, es necesario que sea sanada. Cuando un corazón llora, es necesario que sus lágrimas no sean derramadas. Dicen que el amor todo lo puede, y hoy es un buen día para comprobar tan vieja paremia.
Si después de esto no hay nada, simplemente digamos adiós, sin agachar la mirada, pero si lo nuestro es luchar, solo dame un beso y después, con calma, saquemos lo que debemos y cantemos después hasta el alba, hagamos el amor y demos brillo al corazón y regalémonos nuestras almas.
Cerré los ojos un instante y miré el rostro de un ángel humanizado. Triste, cabizbajo, absorto, pensativo. Deseaba con todas mis fuerzas y todos mis sentidos que cambiara su semblante pero se aferraba a conservar su postura.
Busqué de mil formas hacerle entrar en razón. Le conseguí todo lo humanamente posible pero resultaba inútil. El ángel parecía sumirse cada vez más en su melancolía y su apariencia iba cada vez más en decadencia.
Solo en ese momento me detuve a pensar, qué lejos estaba de darle lo que buscaba. Absorto en mis pensamientos en busca de su sanación, nunca se me ocurrió preguntarle qué era lo que deseaba.
Te deseo a ti, me dijo, vine desde lo más profundo de tus deseos, desde el más dulce de tus sueños, desde lo más recóndito de tu ser
para hacerte feliz, pero me entristecía al ver lo mucho que te preocupabas por mí y lo infeliz que eso te hacía.
Me quedé estupefacto ante tal declaración. En ese momento deseé con todo mi ser haber muerto porque hacía infeliz a quien vino a darme felicidad. Así que decidí que debía morir para reparar el daño que había hecho. Corrí lo más que pude hasta la cocina de mi casa y cogí un cuchillo que pudiera alojarse en mi pecho, allí donde me dolía que laceraba, allí donde dicen los anatomistas que hay un órgano de vida, allí donde dijeron los poetas que hubo un corazón...
Sentí el cuchillo deslizarse suavemente pero certero, sin prisas pero sin pausas, atravesaba sigiloso pero mortal, el cuerpo que poco a poco se desvanecía, y ahí, con un hilito de sangre escurriéndole en los labios, el noble ángel, que me sirvió como escudo protector, feneció como el sol cuando cae la noche.
Abrí repentinamente los ojos y creí mirar el rostro de un ángel humanizado frente a mí, pero me dio gusto ver el brillo de tus ojos.
Los invito a visitar mi nuevo blog:
http://resegnasenfrio.blogspot.com
en donde doy mi particular punto de vista a cine, teatro, música, conciertos, espectáculos y todo aquello que pueda alimentarme el alma, espero que sea de su agrado. Gracias a todos por el tiempo que me dedican, en verdad.
Tu sangre escurría lentamente por mi espalda y sentí la calidez con que aun fluía. Tu peso disminuía lentamente y pude cerciorarme que es verdad el desprendimiento del alma al cuerpo que pertenecía. El sabor de tu piel solo se compara con el de tu cerebro. No hay alimento más rico que el cuerpo de un vegetariano.
Todavía me excita pensar en el aroma que desprendía tu brazo calcinado y me hace alcanzar un nuevo orgasmo la idea de escuchar tus gritos en mi memoria mientras te sometías a "la pregunta", ese maravilloso invento cristiano inquisidor, creado como remedio a la herejía y el librepensamiento.
Ahora debes aguardar a la llegada de un quisquilloso inquilino que planea contigo un mejor encuentro, el orgasmo alcanzado con el sexo. Atrás de mí y a mis costados, los mensajeros llegan como parvadas de cuervos a saborear el manjar que he preparado como su único alimento. Después, después de tí no hay nada... más que un nuevo almuerzo.